"El hombre sobrecargado" es el título de la traducción de Minotauro, a cargo de Carlos Gardini y publicada en Las voces del tiempo, tanto en la edición argentina de 1978 como en la española de 1992. Es quizá uno de los cuentos más traducidos de Ballard, de hecho, y otras versiones incluyen:
- la de Fernando M. Sesén, "El hombre abrumado", publicada en un compilado de cuentos titulado Cae la noche (Ediciones Vértice, España, 1966)
- la de José Calvo Moreno, publicada en el libro Ciencia ficción inglesa 2 (Aguilar, España, 1968)
- la de César Terrón, en Los mejores relatos de ciencia ficción: la era del cambio (Martínez Roca, España, 1981)
- la de Manuel Manzano y Rafael González del Solar, en la edición de Cuentos completos de RBA, España (2013).


La suerte de "desaparición" de la realidad que encontramos hacia el final del cuento recuerda a "The electric ant" (1969), relato de Philip K. Dick que plantea una situación similar pero con un androide como protagonista: la máquina descubre que todas sus percepciones dependen del estado de una "cinta" en su pecho, algo así como su CPU. Al principio la manipulación de esa cinta le ofrece nuevas percepciones; después, hacia el final, borra toda esa programación y, así, su realidad desaparece.
Es trivial señalar que ambos relatos pueden rastrearse a fuentes de la historia de la filosofía, tanto de la occidental (con Locke, Berkeley, Hume y Kant) como la oriental, en particular el budismo. Sin embargo, mientras en Dick estas líneas de pensamiento ocupan un lugar central en su obra (lo llevan, de hecho, al gnosticismo de VALIS y sus últimas novelas), en Ballard no encuentran mayores ecos, quizá porque sus intereses estaban en otra parte.
En cualquier caso, "El hombre sobrecargado" es probablemente uno de los cuentos más perfectamente trabajados de J.G.Ballard, al menos desde el punto de vista de su lógica interna, y en ese sentido de firme llevada de una idea a sus últimas consecuencias este cuento se parece a "The Concentration City".
Desde la declaración inicial ("Faulkner was slowly going insane", p.204 en The complete short stories, que en la traducción de Gardini suena como un tímido "Faulkner estaba enloqueciendo lentamente", p.103 en la edición española de Las voces del tiempo) hasta la última línea ("Steadily watching it, he waited for the world to dissolve and set him free", "Sin dejar de observarlo, aguardó a que el mundo se disolviera y lo dejara en libertad", p.119, según propone Gardini, también descafeinadamente) la experiencia de lectura es la de una sólida y tensa cadena de premisas y conclusiones, un razonamiento perfecto que, sin embargo, nos guarda sorpresas. Ese "yo" del final, además, ya no es el "Faulkner" del principio: la abolición de todo concepto también ha alcanzado al sujeto, primero destruyendo al cuerpo ("Slowly he felt the puttylike mass of his body dissolving", "Poco a poco sintió que la pastosa masa del cuerpo se le disolvía", p.119) y luego ofreciendo la mente a un "absolute continuum of existence uncontaminated by material excrescences" ("un continuo absoluto de existencia no contaminado por excrecencias materiales", p.119) en el que quien fue Faulkner ahora es "libre".